miércoles, 5 de enero de 2011

- "La competencia es dura en Navidad" - La Cuentista


Para celebrar la noche de Reyes, voy a poneros un relato -algo gamberro- que escribí hace tiempo. ¡Espero que os guste!




LA COMPETENCIA ES DURA EN NAVIDAD

Es la noche del 5 de Enero a las tantas de la madrugada. El niño Jesús descansa en su vanguardista pesebre de plástico; los oropeles del árbol cuelgan ya deprimidos y el único turrón que queda en las bandejas es el blando. Mientras tanto, en la terraza de un primer piso se escuchan los susurros amortiguados de tres siluetas.

-Majestades. Esto tiene que cambiar. Hemos sido invadidos por un extranjero sin clase que nos está arrebatando el cariño de los infantes.

-Melchor… que nosotros también somos extranjeros –contestó Baltasar con paciencia.

-¡Pero de mayor prestancia y solera!

-¿Mande?

-Dice que somos más viejos y vestimos mejor –tradujo Gaspar.

-Ese inmundo intruso, se aprovecha de la influencia de sus malignos aliados, para infiltrarse con alevosía en los hogares en los que antaño éramos esperados con ansiosa alegría -siguió pontificando Melchor.

Una pizarra de oscura incomprensión -osea Baltasar- miró a la tercera figura -es decir, Gaspar-.

-Se refiere al refuerzo propagandístico del que ha sido objeto nuestro competidor -le aclaró éste- y que le permite adelantarse a nuestros plazos de entrega.

-Vamos, que se nos cuela gracias a la coca-cola –resopló Baltasar.

-Eso mismo -le confirmó.

-Pues entonces habla en cristiano Gaspar, que para eso estamos en Navidad.

-Triste es la noche en que, por quinta vez consecutiva, nos hemos encontrado en el brete de quedarnos en el umbral por no hallar unas líneas a nuestra intención -siguió lamentándose Melchor sin prestarles atención.

-Mira. ¡Eso lo he entendido! -exclamó Baltasar, levantando un victorioso puño oscuro-. Entre los padres que los consienten y el del pijama que viene antes, a los críos de hoy en día no les queda ilusión ni para ser avariciosos y pedir más cosas.

-La ley de la oferta y la demanda. Ha saturado el mercado y está eliminando a las Pymes -contestó su compañero mesándose pensativamente las rubias barbas.

-Espera… -le interrumpió el rey negro, mientras que el más anciano del grupo se paseaba cabizbajo entre ellos murmurando-. Él es uno, nosotros somos tres. Eso quiere decir que somos más grandes.

-No. Él tiene una legión de elfos trabajando a turnos. Nosotros un paje por cada uno, que podríamos presentar a las olimpiadas de atletismo. Nosotros vamos en camellos a los que no podemos sobrecargar ni meter prisa, a riesgo de tener que tomar biodramina. Él va en un transporte con mayor tracción animal y espacio. Nosotros nos hemos quedado estancados en el mediterráneo. Y él es una franquicia mundial. Él ha conseguido los mejores sponsors, nosotros… ni siquiera sabemos lo que es eso. Estamos condenados a…

-…desaparecer. Nos hemos quedado obsoletos -continuó Melchor con su retahíla, absorto en su propio mar de autocompasión-. Ni siquiera vemos ya la estrella que debe guiarnos.

-Eso es porque según los últimos estudios es el cometa Halley y sólo pasa cada 76 años -aclaró Gaspar en tono intelectual.

-Además de que no se vería con tanta contaminación -puntualizó el realista Baltasar.

-Y ese seboso barbudo nos quiere…

-Melchor… que nosotros también tenemos barba –suspiró Gaspar.

-… arrebatar nuestro prestigio…

-Bueno yo no tengo de esas; pero al menos no estamos gordos -presumió Baltasar acariciándose la inexistente barriga.

-Eso es cierto. ¡Y no es poca cosa! Que hoy en día el índice de obesidad está tan extendido que casi parece una moda.

-Normal que tenga este cuerpazo, ¡tengo de chocolate hasta la tableta!, sólo con conseguir mantenerme encima de estas málditas bestias bamboleantes durante todo el reparto, cargando con todos los sacos de regalos, ya no necesito hacer más ejercicio al año -dijo con resignación.

-… y suplantarnos en nuestro ancestral deber…

-Oye Gaspar... ¿y si vamos entrando? que el vejete va para largo con su rollo y las túnicas tienen mucho espacio de ventilación -gruñó el rey negro ciñéndose la ondulante tela-. Vale que haya nacido en áfrica, pero no entiendo por qué no podemos dejarnos de capas y comprarnos un buen abrigo de plumón.

-Las condiciones meteorológicas es cierto que no nos son muy favorables –tiritó Gaspar, mientras que la barba se le arremolinaba ante la cara y luchaba por no hacer la versión Belén de Marilyn Monroe encima de la rejilla.

-… pero no lo conseguirá y hé aquí la prueba- terminó Melchor triunfalmente su alegato al sacar de su bolsa una carta cerrada.

-Vale, vale. Pero la leemos dentro -renegó el africano empujando con cada mano a uno de sus compañeros.

Y así los tres reyes magos atravesaron –con prisas- la cristalera del salón y dejaron a sus fieles pajes guardando los camellos, e intentando que no se comieran los geranios.

-¡Por fin! ¡Alabada sea la calefacción centralizada! –exclamó Gaspar mientras que intentaba desengancharse la barba de las joyas del turbante.

-Te doy toda la razón. Nevar no nevará con lo del cambio climático, pero sigue haciendo un frío de… -Ante la censora mirada de Melchor, Baltasar prefirió no terminar la frase-. Bueno, ¡a ver esa carta!

Haciendo caso omiso de la mano extendida, el canoso mago comenzó la lectura.


Kridos Reyes Magos:
Ahora no os voy a pedir nada porque sé q los regalos m los traen mis padres, y dsd q s divorciaron tengo l doble q antes; xo por si acaso sí q existieseis os voy a pedir 1 imposible. Q mi madre ncuentre 1 buen novio, q m caiga bien a mi y mal a mi padre.

Grax.
Adela.

P.D: Ya tiene 40 años aunq eya lo niegue (miré su DNI); xo aún es guapa, asíq a vr si hacéis 1 buen trabajo. Si existís, claro.

-Hacía tiempo que no leía tantas faltas… pobre niñita inocente, el divorcio de sus padres debió afectar a su rendimiento académico –suspiró el anciano volviendo a doblar la carta.

-Yo diría más bien que es un efecto directo del experimento educativo de la L.O.G.S.E -reflexionó Gaspar, retorciéndose el rubio bigote.

-O demasiadas horas de móvil –murmuró Baltasar tomando asiento en un enorme sofá blanco-. Bueno… si va a recibir tantos regalos de sus padres, no hace falta que nos molestemos.

-Siento disentir, pero es en estos momentos en que podemos influir en el curso de los acontecimientos y recuperar la fé de esta niña -pontificó el venerable Melchor.

-Una buena táctica empresarial. Ofrecer productos increíbles a clientes descontentos de otras compañías. Si funcionó con telefónica… ¿por qué no con nosotros? ¡También fuimos un monopolio en nuestra época! –exclamó con entusiasmo Gaspar, ante el silencioso asombro de sus compañeros- Perdón.

-Bueno… y lo del novio ¿cómo lo arreglamos? –preguntó el rey negro, arrellanándose en el sofá con los pies sobre la mesita de café-. Porque que yo sepa no vienen por catálogo.

-Podríamos poner un perfil suyo en uno de los nuevos buscadores de contactos –volvió a contribuir el de las tácticas con timidez-. Parece ser que tienen un alto porcentaje de éxito.

-¡Bah! En esas fichas mienten como bellacos –repuso Melchor con ferocidad-. No puedes dar fé de la veracidad de sus datos; de la honestidad de la persona; de las intenciones que profesa, de…

-De sus medidas... –puntualizó con malicia Baltasar.

Un carraspeo sirvió de punto y aparte al alegato de un enrojecido anciano, ante la mirada atónita de Gaspar que soltó el bigote que retorcía del susto.

-¡La magia –continuó con prisas el decano del grupo- es la mejor solución en estas lides! Debemos conseguir el oro en esta empresa.

-¿Qué tiene de malo el incienso?

-¿O la mirra? –añadió beligerante Baltasar.

-Nada. Nada. Ambos son productos valiosos y útiles en su especie; pero para triunfar en esta empresa debemos encontrar un novio de oro.

-¿Blando y fácil de manipular? -especuló reflexivamente Gaspar.

-¿Qué sea bonito y brillante pero normalmente sólo sea una capa? -añadió con sorna el otro.

-¡No! –respondió furibundo Melchor- alguien hermoso, valioso y en el que siempre se pueda confiar.

Una mirada escéptica fue la única contestación que recibió.

-Veamos… debe ser inteligente, simpático, divertido, con buena planta, con posibles… -continuó el anciano, ante el silencio reinante.

-Bien provisto –añadió Baltasar con una amplia exposición de dientes.

-Eso he dicho.

-No. Bien provisto. Esto… Ya sabes… -miró a Gaspar que de repente pareció muy interesado en los cristales de la lámpara-. Déjalo.

-Bueno, prosigamos. Por dónde íbamos… ¡ah, sí! Buena persona. Trabajador. Y con intenciones serias. ¿Algo más?

-Pues… viendo las estadísticas de fracasos sentimentales, creo que deberíamos reducir los factores de riesgo.

-¡Buena apreciación Gaspar! A ver… esto… -miró a su alrededor pidiendo ayuda.

-Descartemos a fumadores y fanáticos del fútbol -le ayudó el aludido.

-Celosos compulsivos –aportó el otro desperezándose entre los cojines.

-Infieles –añadió con rapidez el rubiales- Anda. Eso parece el “Un, dos, tres”.

-Viejos verdes.

-¡A mi no me mires así! –rugió ofendido ante el comentario-. Un respeto a las canas.

-Eso respeta sus canas- añadió Gaspar atusándose la rubia melena.

-Just for men –tosió Baltasar.

-¿Qué insinúas?

-¿Yo? Nada, nada. Pero ya que estamos vamos a buscarle uno de unos treinta. Así nos evitamos las canas y de paso hacemos rabiar al padre como quiere la niña. ¡Vaya con el angelito de su papá!

-¿10 años más joven? –se asombró Melchor que hasta ese momento se presionaba el puente de la nariz con resignación.

-Bueno, es la moda. Mira a la Demi Moore.

-Mira a la Sara Montiel –puntualizó Gaspar.

-¿Tienes algo contra los morenitos…? –preguntó como amabilidad el morenote mientras que se arremangaba la túnica.

-¿Yo? Nada, nada.

-Ah. Creía… ¡Just for men! –volvió a toser.

-¡Te voy a…!

-Caballeros, un poco de silencio por favor.

La ronca voz que venía desde la puerta del pasillo les paralizó antes de poder engancharse del turbante.

-¿Tú? –rugió Melchor mirando la oronda figura enfundada un rojo pijama de franela.

-Vais a despertarme a la niña.

-¿Tú? –murmuró con incredulidad Gaspar.

-Bueno, sí. Veréis. Adela, me dejó la misma carta. Cuando llegué vi la foto de su madre- comentó señalando el marco depositado en el aparador desde el que sonreía una exuberante morena- y recordé que... Bueno, Mamá Noel me dejó hace unos años porque según ella trabajaba demasiado y en el Polo Norte es complicado calentar la cama uno solo. Así que pensé... A Adela le da prestigio en el cole decir que el novio de su Madre es Papá Noel. Al padre de Adela casi le dio un síncope cuando nos presentaron y vio a un hombre más mayor que él, que había cargado a su hija de regalos. Y en cuanto a la madre… cuando la vi. Le dije: “Sabes… Puedo hacer realidad TODOS tus deseos”.

-¡Tú…! –se carcajeó Baltasar sin poder terminar la frase.

Papá Noel se cruzó de brazos sobre la venerable barriga y sonrió con placidez. Con demasiada placidez.

Melchor alzó la nariz con dignidad ofendida y arrastró del brazo a un Baltasar en pleno ataque risa, ayudado por Gaspar que miraba hacia detrás con morbosa curiosidad.

Al momento, una estela de tres camellos a toda velocidad, cargados con tres temblorosos montones de ropa y tres figuras gesticulando con los brazos persiguiéndoles, desapareció entre la contaminación nocturna.

A lo lejos les pareció oír:

-Ho, ho, ¡jodeos!.


- Fin -

Por: Victoria Hyde


Aquí os pongo mi lista de entradas como "La Cuentista"

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