viernes, 25 de febrero de 2011

- "Chacha a mis años" - Diario de una Pringadilla

Autor: Victoria Hyde
Una nueva desventura de mi personaje más alocado FICTICIO -lo aclaro para l@s que me confunden con ella-. Jejeje.


Querido Diario:

¿Quién me mandaría hablar?

Si siempre me han dicho que calladita estoy más guapa... ¿por qué no les hice caso?

De acuerdo, soy la secretaria del director general, pero es un título mucho menos impresionante si tu empresa pertenece más a la P que a la M de Pymes.

Y es cierto que tener que responder a la pregunta recurrente de mi madre: "¿Para qué has estudiado?", con un: "Últimamente para poner cafés" le agriaría el carácter a cualquiera; pero aún así eso me servía de descanso entre: substituír a Atlas cuando tiene que ir al baño, ejercer de subcontrata de Hércules y todo ello sin despeinarme y con una sonrisa tatuada en la cara.

Entonces, ¿por qué me molestaba tanto el llevarles el café a mis jefes y a sus visitas...?

Por principios.

Después de cinco años de carrera universitaria -vale, lo confieso, siete y medio-, dominando dos idiomas extranjeros y tres nacionales -incluyendo el español y el barriobajero-, el que me digan: "¡Chica, un café!" saca a la luz mi sangre aragonesa -la de una bisabuela de la que aún hablan con temor- y, en lugar de ponerme a cantar jotas, me dan ganas de liarme a sartenazos.

Por suerte o por desgracia, nunca se tiene una sartén a mano cuando se necesita; así que no me quedó más remedio que empezar una campaña subersiva.

El café llegaba frío y con más o menos azúcar del que sé que prefieren los del "chica"; pero eso sólo incrementó mi número de paseos, el gasto en cafés de la empresa y que recibiese algún comentario sarcástico sobre tomar rabitos de pasas para la memoria... de parte de quién necesita que YO le recuerde hasta cuando tomarse la medicación. Fase 1 = Fracaso.

Fase 2. Ya puesta a andar y hacer muchos paseos... es mejor tomárselo con calma. Primero, las servilletas. Segundo, el azúcar y las cucharillas. Tercero, la leche fría. Cuarto, la leche caliente. Quinto, los cafés; con el número de viajes adecuado a su número, porque una sólo tiene dos manos. Sexto..., nada, son demasiado tacaños como para servir una triste pasta. Todas las fases adecuadamente sincronizadas, de forma que tuviese que interrumpir repetidas veces la reunión correspondiente con un gran: "¡DISCULPEN!" y una sonrisa contrita.

¡Un gran plan!

Durante unas semanas se instauró una nueva dinámica entre la cúpula dirigente. Antes de entrar en una reunión, todos los participantes pasaban por la maravillosa cafetera, seleccionaban la infusión a su gusto... y me dejaban a mi tan contenta, bregando con mi equivalente a construir pirámides -aunque me tengo que dar con el látigo a mi misma-.

Era feliz.

Era feliz hasta el día en que mi jefe me dijo: "Tengo un regalo para ti".

Frase lapidaria donde las haya. A la altura de: "Tenemos que hablar"; "¿Te has dado cuenta de que no te pareces ni a papá ni a mamá?" o "¿Puedes pasar a mi despacho? Ahora".

Quizás te parezca exagerada la comparación, Diario, pero eso es porque no conoces a mi torturador personal. Su principal afición es demostrar lo por encima que se encuentra de todos los simples mortales que le rodean y recordarme, sin ninguna sutileza, cuál es mi posición. Es decir, empleada a sueldo, lo que en su mente es equivalente de: esclava a mi servicio.

Disimulando el terror que hacía licuarse el tuétano de mis huesos -no pensaba darle la satisfacción de notarlo- fui tras él, tal y como me indicaba, hasta que cerró la puerta de su despacho tras nosotros y dijo: "Toma".

Era peor de lo que me imaginaba. Un alarido arañaba mi garganta cerrada, mientras mis pies se negaban a moverse -mi hipoteca se lo impedía-. Interpretando mi silencio como aceptación, mi jefe puso el repugnante objeto en mis manos. No su "objeto", por suerte para su integridad física; sino uno casi tan repulsivo.

Una bandeja de café

Con asitas.

Verde.

Del verde corporativo.

"Muy útil ¿verdad? Así no será necesario que andes tanto. Le da un toque elegante a la oficina y además, como sé que te gusta ir coordinada, la hemos cogido a juego con el logo empresarial".

Me hubiese gustado ser una frágil damisela para desmayarme convenientemente en ese momento y destrozar el insultante artefacto "por accidente"; pero mi antepasada aragonesa se hubiese revuelto en la tumba y mi "frágil" constitución sólo se diferencia de la de una valquiria, por un regimen espartano.

Sólo un brillo en el interior de las pupilas dejaba entrever que, desde dentro del cuerpo de un directivo fondón y semi calvo, me miraba un diablo que estaba disfrutando con el momento.

Me recompuse como pude y recuperé mi sempiterna sonrisa -de esas que no provocan patas de gallo-. Tras ponerme la humillante bandeja bajo el brazo, me giré para buscar un sitio donde golpearme con ella.

Sin embargo, una vez más, no pude contenerme y le espeté:

"Ahora sólo me falta el delantal y la cofia para ir a juego".

Sólo recibí una respuesta:

"Buena idea. Se lo comentaré a los socios a ver qué opinan".

A partir de ahora voy a incrementar mi belleza. Voy a hacer voto de silencio; ya que, como dice la sabiduría popular...

CALLADITA ESTOY MÁS GUAPA.



- Fin -

Por: Victoria Hyde


Aquí os pongo las entradas de las desventuras de Pringadilla en su Diario, mi personaje más disparatado.

8 comentarios:

Noelia Amarillo dijo...

XDDDDD joooddeerrr... a ver, me descojono, porque no me queda otra... igual que a ti. Tal y como están las cosas, sonríe y sirve el café...

Entiendo la mala leche que te tiene que entrar cada vez que te pidan un café, pero... creo que ha quedado claro que no te queda otra. uff... y da gracias de que te no te pongan cofia... XD

Mamen (LadySith) dijo...

Oye... ¿y yo que la entiendo, fijate?
Me he reído un montón leyéndolo, pero de verdad que la comprendo. Y tiene razón. Muchas veces, una secretaria calladita está más guapa. Si para algo estamos las secretarias, es para suplir el cerebro de los directivos, así que, si ellos no tienen ideas... ¡no se las des!

Victoria Hyde dijo...

Gran lección que me costó años aprender Mamen... menos mal que yo no ejerzo de tal. Me estaba envenenando a base de morderme la lengua...

Y, aunque Pringadilla es un personaje que he creado..., lo de que me compraron una bandeja para cafés... no va de coña.

Kyra Dark dijo...

Para qué empresa trabajas, querida?? Que yo hace años curré en una con un verde corporativo muy característico de la que salí trasquilando por no saber cerrar la boquita. Y a pesar de su "transparencia" y su "aquí no hay nadie que valga más que otro" también tenían la mala costumbre de pedir cafés como marquesones.

Victoria Hyde dijo...

Trabajaba en una -no hay que mentar al diablo- que me ha dado suficiente anécdotas para escribirle a una saga a Pringadilla. Quizás me haga rica y todo a su costa. Jejejeje.

Aunque bueno, es como todo, coges un elemento de verdad y lo literaturizas hasta que casi no se reconoce.

Nat dijo...

Jajaja
Me he reído muchísimo.
Me ha recordado un poco a un capítulo de una serie canadiense: Being Erica. Muy recomendable.

Un saludo.

Victoria Hyde dijo...

Pues mira... no conozco la serie, pero por lo que he leído... el planteamiento sí que podría ser algo salido de mi propia cosecha jejejej Y teniendo en cuenta las buenas críticas que tiene, te agradezco el cumplico.

Creo que me la apuntaré en "pendientes"... si consigo desengancharme de los doramas. Ejem...

Nat dijo...

A mi la recomendación que me hizo una amiga me "obligó" a verla inmediatamente: "mezclas chic lit con viajes en el tiempo y terapeutas medio locos".

Te la recomiendo mucho, es bastante amena. :)

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